Es alarmante y nauseabundo ver cómo el Sr. Gandhi, un abogado sedicioso de M.T., haciéndose ahora el fakir, de esos tan conocidos en Oriente, trepa semidesnudo las escalinatas del palacio virreinal mientras sigue organizando y dirigiendo una campaña de desobediencia civil, para parlamentar de igual a igual con el representante del Rey Emperador.
Os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra, elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.
Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura.
El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar.