Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.
La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.
Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.
Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor.
El benefactor llama a la puerta, pero el que ama la encuentra abierta.
Para los hombres, aceptar es dar; para las mujeres, dar es recibir.
Convertid un árbol en leña y arderá; pero ya no dará flores ni frutos.
A veces nos dirigimos a Dios mendigando un poco de alegría y otras veces le brindamos nuestra propia alegría. En tales momentos nos hallamos más cerca de él, porque no es nuestra necesidad, sino nuestra alegría lo que hacia él nos empuja.
El bosque sería muy triste si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen.