Feliz el sabio que ha podido averiguar las causas de las cosas y somete al miedo y al inexorable destino evitando a todos tropezar en importunos errores pese al estrépito del codicioso Aqueronte. (Felix, qui potuit rerum cognoscere causas, Atque metus omnes et inexorabile fatum Subjecit pedibus, strepitumque Acherontis avari)
Así corrompe el ocio al cuerpo humano, como se corrompen las aguas si están quedas.
El hombre valeroso debe ser siempre cortés y debe hacerse respetar antes que temer.